El Callejón de las Mariposas

El Callejón de las Mariposas

Llueven en mi cabeza unas aguas extrañas, son palabras líquidas que se funden en el suelo. Debo atraparlas, así tal vez podrán leerse.

Ambas vidas.

 

Soy una persona extraña que se ha perdido en el mundo.

¿Estoy descarriada? ¿Loca?

¿Decirte que yo aún la amo sería una ofensa?

¿Decirte que aún no he olvidado su sonrisa y sus palabras?

¿Y decirte que la culpa al verlo a él cuando me mira y no sabe que lo dejé por ella me carcomen por dentro?

La amo y no la he olvidado por completo.

Lo quiero, pero... pero no...

¡¡Maldita vida complicada de una chica!!

Yuri FAN!

 

 

La Parada del Camión

Abres los ojos, ¿Ves a alguien? ¿Ves a alguien en verdad?

La multitud de la ciudad anda deprisa, golpes de tacones, sonidos de suelas arrastrándose, un paraguas color tinto por abrirse...

  • Un niño en la calle de enfrente que mira a todas partes y hacia ninguna. Busca a alguien con gesto impaciente.
  • Una muchacha que se detiene a perder su tiempo frente a un aparador de cristal, dentro hay algo que no podrá llevarse.
  •  Un perro que, sorteando los autos, intenta llevarse algo a la boca.
  • Dos mujeres hablando animadamente.
  • Tres estudiantes riéndose de cualquier cosa.

No va a llover, no a menos que los rayos de sol cuenten en algo.

No va a nevar, a menos que el desinterés de la gente hacia tu vida pague las cuentas.

Las calles están vueltas grises, hay un río de colores andando.

Todos están oxidándose, a cada paso un corte en la línea de vida, a cada respiración, una pérdida.

 

Estoy solo gastando mi tiempo en la parada del camión.

 

 

"Tal vez vivir sea solo esto; perseguir instantes que mueren"

La Elegancia del Erizo. Muriel Bàrbery.

 

III Parte. Burdel

Y va otro pedazo de la historia de Rebeca:

 

Cuando ya no le quedaron lágrimas por derramar pero le sobrevino el hambre, un pan la noche anterior no era suficiente, se levantó. Lo primero que hizo fue ir a lavarse la cara por que estaba segura de que ella estaba hecha un desastre. Y no se equivocaba. La persona frente a ella, enmarcada por las partes doradas alrededor del espejo tenía los ojos rojos, hinchados, la cara del mismo color y líneas informes atravesaban sus mejillas, borrando en algunas partes el rubor; en sus ojos casi nada había cambiado, el maquillaje a prueba de agua había hecho su trabajo. Con una esponja y crema se lo quitó todo, luego se metió a bañar intentado quitar con eso todas las sensaciones de la noche anterior, a las que hasta ahora no se había acostumbrado a pesar de sus cuatro años trabajando como eso.

      Cuando salió de la ducha envuelta en una toalla se dirigió a su habitación, dejando tras de sí un rastro de huellas de agua. De su armario tomó un vestido blanco, largo y sencillo que se amarraba en la parte baja del cuello, un sombrero grande y playero de color azul tenue, un collar largo azul cielo, unos aretes pequeños y una pulsera a juego. Se quedó descalza. Abrió las cortinas de todas las habitaciones, fue a la ventana que daba hacia fuera de los departamentos, seguía lloviendo, ahora más fuerte, con rayos y truenos, Don Raúl y Zorro debieron ir a correr bajo techo por que no podían haberlo hecho bajo este monzón sino por lo menos haberse echado para atrás y regresado a casa.

      Entonces, cuando una gota tocó su rostro se le ocurrió una tontería.

      Una sonrisa curvó la línea recta que habían sido sus labios y fue danzando hacia la cocina. Del refrigerador sacó salchichas y huevos suficientes como para cuatro personas, los preparó todos para el desayuno. Preparó además frijoles, lo que acostumbraba desayunar en su casa en días de lluvia. Hizo una jarra entera de leche con chocolate, calentó tortillas para acompañar, aproximadamente veinte, no dejó de cantar alguna canción algo extraña... y tonta... e irónica...

 

No me mires, no me mires, no me, no me, no me mires...

No me mires, no me mires. Déjalo ya. Que hoy no me he puesto maquillaje...je...je.

Y tengo una cara demasiado vulgar para que te pueda gustar...

 

Cuando todo estuvo listo fue por dos cobijas grandes y las hizo enrolló, luego las puso, cada una, sobre una silla. A continuación fue por tres almohadas y repitió la acción. Recogió todas las cosas que se hallaban esparcidas por la mesa y sirvió cuatro platos repletos de comida además de cuatro vasos a llenar de leche con chocolate. Se levantó ágil y fue danzando a abrir de par en par su ventana, dejó que la brisa hiciera ondular su vestido blanco, luego con una sonrisa se dirigió a los objetos sobre la mesa con una voz colmada de auténtica alegría.

      -Madre, padre ¡Como me alegra que hubieran venido a comer a mi casa! ¡Como me alegra que me hubieran perdonado el trabajo que escogí! -abrazó a ambas cobijas.

      Dirigió la mirada hacia las almohadas.

      -Hermanita, espero que ya no me guardes rencor. Lamento lo que hice. De verdad. ¡Te quiero mucho Clara! -rodeó con sus brazos a las almohadas, con cuidado, para no decapitar a Clara.

      Se sentó en la silla que quedaba libre.

      -Bueno, entonces, ¡Comamos todos juntos! ¡Provecho familia!

      Engulló los primeros bocados sin decir una palabra, luego siguió hablando.

      -Espero que perdonen el desastre que tiene su hija en casa. No sabía que vendrían a visitarme tan pronto. Me alegra que lo hicieran, ya me sentía algo sola por que ni siquiera contestaban mis llamadas pero siempre tuve fe, se que El Señor es grande y misericordioso y el todo lo perdona así que siempre pedía que ustedes hicieran lo mismo conmigo... ¡Cuánto me alegra que así fuera!

      Silencio dentro de la habitación.

      Sonidos de cláxones fuera de ella. La lluvia repicando contra el cristal de la ventana, entrando al cuarto, mojando el piso.

      -No se preocupen por eso, ya lo limpiaré después. Pero, díganme, ¿Cómo les ha ido? ¿Qué haz hecho Clara? Ya debes tener diecisiete ¿No es cierto? ¿Qué ha pasado durante todo este tiempo?

      Silencio dentro de la habitación por parte de lo inmóvil.

      Ligeros asentimientos de Rebeca y algunas respuestas a palabras no dichas.

      -Oh, ya veo. Que bueno que haya pasado eso. ¿Y  ustedes? ¿Mamá? ¿Papá? ¿Qué han hecho?

      Repetición de movimientos por parte de la joven que hablaba sola. Una risa histérica inunda la habitación.

      -Mmm... algo divertido, es cierto...

 

El reloj de péndulo continuó su marcha sin importarle que Rebeca se hallara acompañada. Este  que adornaba la pared derecha de la cocina dio las once de la mañana. La lluvia arreció, el viento cobró fuerza y entró llevando consigo más gotas al piso de la residencia. La joven seguía hablando sola. Cuando paraba no podía evitar llorar por lo bajo por lo que solo lo hacía para tomar aire. Sus lagrimas eran evaporadas una tras otra por el único compañero invisible e intangible allí pero que se sentía su presencia haciendo revolotear sus cabellos bajo el sombrero. Una hora después de la charla la lluvia continuaba, incesante. Pero los visitantes habían regresado ya de donde habían venido, del interior del armario de Rebeca.

Tic Nervioso.

Solo cuando todo me sobrepasa,
Cuando soy tan pequeña que ni sentido tiene
Observar el piso.

Cuando los lugares se tragan a sí mismos
Y luego escupen polvo de estrellas a
Las calles que quedaron en pie.

Cuando las palabras me abandonan
Y me dejan inerte y frágil,
Como algo atropellado bajo la llanta
De una bestia de metal.

Cuando mi silencio me despluma
Y las torres de luz que erigí para celebrar
A mis propios santos llenos de alegría
Caen.

Al tiempo de las notas de un violín
Que no tienen melodía,
Solo un sonido seco, suplicante
Que exige a alguno de los presentes,
Hacerlo callar.

Entonces, cuando mi rostro
Está desnudo de sonrisas,
De amores, de palabras,
De fines por los cuales usar estas manos
Hasta desangrarme, marearme y caer,
Solo entonces,
Dos segundos despues aparece mi tic nervioso
que me obliga a cubrir mis ojos
Para no mostrar a l mundo más allá de lo que
Deseo que conosca de mí.
Para no enterarme yo de tantas cosas
De las que se que nunca me arrepentiré.

Para crear un mundo
Que resulte ser solo mío,
Que pueda estrechar en mis brazos
Hasta casi hacerle explotar
Como un oso de peluche,
Como un globo de circo.

Algo que sienta cálido entre mis dedos
Cuando me obligo unir mis párpados
Aunque esto solo dure para mí
Dos segundos.
Si tengo suerte, y estoy apenada,
Tal vez uno más.

 

La frase del día son dos juntas, una es bastante vieja, la otra acaba de nacer:

"Solo se que no se nada"

Sócrates.

 

Y la segunda:

 

"Solo se que quiero saber"

Libro "Hablando Sola".

 

Por cierto, desanduviendo blogs encontré uno bastante interesante.

Es este:

http://eterna-zoledad.metroblog.com/

 

Vale mucho la pena que entren a verlo. Tiene unas imágenes muy atractivas y está participando en un concurso del blog más influyente. ¡Vótenlo! La página para hacerlo es esta:

http://carlos1cd.metroblog.com/

Aunque también pueden revisar otros blogs, son bastante interesantes.

 

 

Una probadita solamente del tipo de fotografías que podrían ver.

II PARTE DE BURDEL

A quienes no entiendan esto deberán leer la primera parte que se encuentra en la parte baja del blog. Van de abajo hacia arriba.

 

El sonido de las bocinas ahogaba todo lo demás, solo se oían algunas conversaciones demasiado altas para considerarse como saludables. Su corazón latía al ritmo de las vibraciones de las bocinas, tal vez un poco más rápido. Las luces fosforescentes iluminaban unos pocos espacios, había mujeres vestidas como ella y como Elisa en todas partes, pero obviamente eran rebasadas en número por los hombres de miradas lascivas que se hacían llamar clientes. No miró el rostro de todas ellas, tampoco sintió pena por ninguna, ese era trabajo de la Rebeca buena y ella no estaba aquí en este momento.

      Con un movimiento ágil y seductor subió al escenario y comenzó a bailar haciendo que la muchedumbre le hiciera ver su atención dirigida hacia esta. Un olor a alcohol y a sexo se filtraba por todos los espacios. Rebeca apagó su cerebro y solo siguió bailando aunque no pudo evitar una que otra chispa de entendimiento. Esto era lo peor que podía hacer de su vida.

 

Mientras bailaba se perdía.

      Estaba consciente de que eso era algo más o menos bueno por que así no se daría cuenta de muchas cosas. Mucho menos del modo en que le era entregado el dinero por parte de los clientes sin que ella se viera en la necesidad de usar sus manos para recibirlo. Mientras hacía eso recordó algo. Algo importante. Algo que increíblemente su mente calificaba como hermoso a pesar de que hubiese ocurrido en esta segunda casa de Lucifer, una de las tantas mansiones del pecado que este demonio poseía. Recordó un rostro, una sensación tan bella que deseó que no terminará nunca.

 

Ningún hombre con el que hubiese estado la había hecho sentir algo más que solo un juguete, algo mediante el cual él llegaba al orgasmo rápido y ella... solo ayudaba al propósito. Era extraño. Eran distintas esas manos entre las que se hallaba, él la besaba con tal intensidad que parecía que no hubiera nadie más para el. Como si fuera la única chica en el mundo, su chica. El tacto de sus dedos hacía que la electricidad traspasara esa capa y llegara hasta la columna vertebral, eran demasiados movimientos incluso para una contorsionista. Rebeca incluso tuvo un pensamiento tonto y vago pero que la hizo inmensamente feliz, algo que la hizo entregarse en cuerpo y alma a ese hombre no solo por que le hubiera pagado bien. Se olvidó de que trabajaba de esto, se olvidó del lugar, incluso de cómo se llamaba. Solo pensó que él la amaba y que ella lo amaba  a él y le dio todo de sí hasta quedar agotada. No se le pasó desapercibido de que el hombre era muy bien parecido, de facciones firmes pero no rudas, de gestos tranquilos pero no afeminados, con una voz que tentaría a los mismos ángeles a pecar pero con un color de piel que no parecería saludable aunque eso no le quitaba lo hermoso. En la oscuridad recordaba haber notado su cabello oscuro contrastando con el de color chocolate de ella.

      Rebeca siguió repasando eso hasta que la noche terminó. En su caso, sin embargo, no era la noche lo que esperaba que terminara sino que todos los tipos borrachos como cubas abandonaran el lugar de trabajo de ella. Antes de que pudiera largarse tuvo que atender unas cuantas cosas con los superiores y una Elisa fastidiosa que amenazaba con salir de allí para nunca volver si seguía habiendo mas cumplidos para Rebeca que hacia su persona. A Rebeca le pasó desapercibido esto. No lo notó. Estaba absorta pensando en el sujeto que la había hecho sentirse amada... ¿Hace cuanto que lo había visto por única vez? No alcanzaba a recordar...

 

Pasó al camerino a recoger algunas cosas suyas que quedaron allí, se cambió rápidamente, se quitó todo el exagerado maquillaje, se pintó tenuemente de nuevo, con ligeras sombras y un poco de rubor, nada que ver con el maquillaje de payaso de hacía un rato, y se dispuso a salir por la puerta trasera, no quería que nadie la viera nunca saliendo de allí. Se puso unos jeans deslavados y una blusa grande, café de manga larga, era obligatorio para si misma vestirse decentemente en sociedad nada como en el burdel.

      Con su pago en mano, salió con paso veloz hacia el amanecer como lo haría un ave remontando el vuelo después de escapar de la jaula abierta.

 

Casi llegando a su departamento la sorprendió una lluvia ligera; sin embargo dentro del camión donde se hallaba las gotas no alcanzaban a tocarla, observó la manera en que las gotas rodaban a través del vidrio, como lo acariciaban con ayuda del viento, los dibujos que podía hacer con sus dedos y su aliento y se le antojó encantador. Hubiera dado cualquier cosa por saber el nombre de aquel hombre y haber podido escribirlo en ese cristal... Se dio cuenta de algo, aunque aun no hallaba las palabras para decirlo en voz alta, un fin, una decisión.

      Cuando bajó del camión todavía debía caminar tres cuadras antes de llegar a su casa. Al principio fue corriendo, luego no le importó y dejó a su piel canela saborear la lluvia.

 

Al llegar al edificio donde se hallaba su departamento la saludó un hombre mayor, Don Raúl, y su perro llamado Zorro (¿Irónico eh Zorra? Se decía a sí misma).

      -Buenos días señorita Rebeca -la saludó. Zorro movió gustoso la cola frente a ella, era un perro labrador de brillante color miel.

      -Muy buenos días Don Raúl -Rebeca procuró permanecer tranquila, nadie debía conocer su otro yo, el malo, por lo menos allí no.

      - ¿Y qué tal tu trabajo anoche? ¿No es muy cansado para alguien tan joven como tú?

      Sucedía que todas las personas del edificio creían que Rebeca trabajaba de recepcionista nocturno en un hotel caro del otro lado de la ciudad, y que era una buena paga por que debía ser bilingüe. ¿Qué mejor mentira?

      -No Don Raúl, al  final una termina acostumbrándose, ya no me veo trabajando por la tarde. -puso una sonrisa en su rostro. Esa era la verdad más grande y oscura que le hubiera contado nunca a nadie, no se veía trabajando por la tarde en un trabajo decente. Nunca.

      A Rebeca se le escapó un bostezo.

      -Bueno señorita, la dejaré para que descanse. Que tenga una buena mañana.

      -Igualmente usted Don Raúl, no deje que Zorro -el perro dio un salto al escuchar su nombre, Rebeca le sonrió y le acarició la oreja- lo arrastre demasiado cuando lo saque a caminar -cubrió su boca con la otra mano para tapar un segundo bostezo.

      -Lo intentaré pero es que este cabrón es muy gandaya. -Sonrió. Miró a su perro con una sonrisa dibujada, como si fuera su hijo, el animal le regresó la mirada con un gesto en el hocico que no denotaba sino ansiedad. ¿Cómo harán los perros que parece que siempre te están sonriendo? ¿Sería esa lengua de fuera? -Bueno la dejo Rebeca.

      -Diviértanse en la lluvia.

      - ¿De verdad está lloviendo? ¡Qué bien! ¡Mejor aun! -Rebeca no alcanzó a saber si imaginó o no esas palabras por que el amo y su perro ya habían desaparecido.

 

¿A cuánta gente había que engañar? ¿Cuántas personas creerían que ella era como el resto? ¿Cuántas madres de familia no le habían pedido a Rebeca que cuidara a sus hijos por una tarde? ¿Cuántas adolescentes no habían ido llorando a su puerta pidiendo un consejo sobre chicos? ¿A cuántas mujeres no había consolado en su regazo diciéndoles que los hombres no son tan malos? Rebeca no podía contarlas. Desde que llegó decidió soltar la mentira pero hasta ahora no había sentido todo su peso. Extenuada y con la llave temblando en su mano giró el cerrojo que daba a su departamento después de subir las escaleras. Era el tercer piso, se había hallado al viejo y a su perro en el primero. Gracias a Dios era fuerte, y los bostezos hicieron que fuera lógico, como primera opción, que algunas lágrimas rodaran por sus mejillas. Dejó que la oscuridad la engullera y sacó de todas las habitaciones la luz platinada del amanecer. Después de dos minutos las cortinas de toda su casa estaban corridas y ella lloraba frente a una almohada ahogándose a sí misma.

Todo ha Comenzado

Oh sí. Si el trauma del metroflog era grande, ¿Qué será del metroblog?

Mmmmm... los space ya no se leían...

Tenían que inventar otra cosa... ¡A wevo!

 

¿Por qué escribo esto?

No lo sé.Nerd

 

Simplemente es, creo yo, por que tengo el complejo de un presidente municipal, el inaugurar todo lo que pueda. Este espacio me caerá bien, muy bien.

¡Escribiré un montón de cosas! (Eso espero).

¡Ulises! ¡Tal vez si puedas encontrar tu cuento en internet después de todo!

Por lo menos unas cuantas partes.Carcajada

 

 

La frase del día es de Edgar Allan Poe:

"¡Gracias al cielo! ¡La crisis, el peligro han pasado!

¡Y la larga enfermedad finalmente quedó atrás!

¡Y la fiebre llamada "Vivir" ha sido conquistada al final!

El callejón de las Mariposas está abierto.

La pequeña estatua de terror adorna el centro de esta plaza.

Caen cenizas.

El viento está encendido.

La luna muere y el sol va a llorarla.

Gaby escribe todo lo que ve.

 



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